La arquitectura, el arte, no es más que una historia de amor.
Hablar —o escribir— sobre arquitectura supone hacerlo sobre literatura, poesía, música, filosofía, pintura y escultura. Es hablar de matemáticas y sobre las estrellas, del aroma de las flores, del rubor que asoma al rostro de las muchachas enamoradas, de la risa de un niño, de atardeceres, de ir al cielo a lomos de un asno y del sabor de las peras robadas. Supone hablar del tiempo y de la eternidad, de dolores, miedos y esperanzas; de estancias holandesas. Hablar de arquitectura es hablar del hombre y sus cosas, del hombre en su totalidad. En cuerpo y alma.
Y hablar del hombre es «soñar en la primera noche helada en la cual una especie de gorila se sintió misteriosamente hermano del cielo estrellado» (André Malraux, Les Voix du Silence).
Pretendemos que éste sea un lugar de encuentro y de diálogo, no un atril desde donde proclamar un monólogo. Queremos hablar —o escribir— de este gorila soñador que es el hombre, y de sus cosas. En particular, de ese arte pirata, de esa ladrona de todas las artes que es la arquitectura. Para ello, vamos a hablar —a escribir— de literatura, de poesía, de jardines, de música, de fotografía, de pintura, de teatro, de recuerdos, de cine, de pensares y sentires, de pintura… de todas esas cosas que nos hacen ser hombres. De todo aquello que, una noche estrellada, soñó un gorila que, en ese preciso instante, dejó de serlo.
Fuente imagen: https://www.santiagodemolina.com/2011/09/